- ¿Echas de menos algo?
+ Sí.
- ¿El qué?
+ Tú.- Ja,ja,ja ¿acaso soy un “algo”?
+ Obvio, eres algo demasiado importante para mí, incluso podría llegar a decir que eres imprescindible.
- ¿Y por qué me echas de menos? Quiero decir… estoy aquí.
+ Pero nunca estarás de la forma que yo quiero…
- ¿De qué forma?
+ Aquí, junto a mí. Quiero que camines siempre a mi izquierda y que me rodees el cuello con tu brazo. Que me mires a los ojos y me digas que me quieres, no me importa si son una, dos, tres veces, la cantidad no cuenta, tan solo con oírtelo decir al menos una. Que me recuerdes todas las noches antes de irme a dormir lo importante que soy para ti, que me hagas sentir especial. Ser la dueña de tu sonrisa y poderla utilizar en los días nublados para poder iluminar mi camino. Que me vengas a buscar todas las mañanas a mi portal para acompañarme al instituto. Poder fardar delante de mis amigas de lo genial que es la vida a tu lado, que sientan envidia, que sepan que soy la chica más feliz del mundo, cosa que solo consigo gracias a ti. Que me beses, sí, que me abraces y no me sueltes. Que me hagas de rabiar con tus infantiles bromas y que me hagas enfadar de vez en cuando para que luego ese enfado se esfume en una milésima de segundo con tan solo una mirada tuya. Quedarme hasta altas horas de la noche hablando contigo por teléfono de cualquier tontería y que mis padres no hagan más que gritarme por las facturas de éste. Que me seques las lágrimas y me des cobijo en tu hombro siempre que lo necesite. Y así podría seguir hasta el ocaso de mi vida, pero…
- ¿Pero qué?
+ Si algo he aprendido gracias a ti es que de ilusiones y sueños se vive
.- ¿Y por qué conformarte solo con eso?
+ ¿Qué quieres decir?
- Que si algo he aprendido gracias a ti es que los sueños pueden hacerse realidad.
martes, 18 de septiembre de 2012
Superman.
Tal vez no sea una súper heroína, ni tampoco juego mi vida salvando a los demás de las garras del Doctor Octopus. Tampoco tengo oficio de periodista, ni llevo unas gafas de pasta negra. La gente no se pregunta “qué es eso, ¿es una avión? ¿es un pájaro?” cuando me ven por la sencilla razón de que no vuelo. No gasto mi tiempo libre en salvar la vida de los habitantes de mi ciudad, ni mucho menos vestida con unas mallas azules y una capa roja. No tengo una relación amorosa con un compañero de trabajo que desconoce mi faceta de “heroína” ni tampoco lo saco a volar por la noche, surcando los cielos estrellados. Está bien, quizás no sea la protagonista de cientos de cómics, de películas e incluso series de televisión y también es técnicamente imposible que sea conocida mundialmente. A simple vista cualquiera diría que no tengo nada en común con Superman, pero sí que lo hay. Hay una razón, y esa razón eres tú. Tú, mi Kriptonita. Tu presencia me debilita, tu ausencia me enloquece. Y si algo he aprendido durante mi infancia, con las aventuras de este súper héroe es que la única manera de ser fuerte, inmune a mi kriptonita, es alejándome de ella. Y ahora, te dejo. Tengo que salvar mi propio mundo, y si me disculpas, alejada de ti.
lunes, 17 de septiembre de 2012
La magia de decir adiós.
Todo ocurre deprisa, demasiado incluso. Coges cariño a alguien, ¿y qué es lo que queda? La magia del decir adiós. Una vez pronunciada esta palabra no hay marcha atrás, solo queda esperar a que el recuerdo de esa escena deje de doler (tanto). No dejas de pensar que no lo volverás a ver y que desaparecerás de su memoria cuando esa persona seguirá viva en ti por no se sabe cuanto. La verdad es ¿por qué tu no lo vas a olvidar y esa persona a ti si? En realidad no lo sabes bien, pero de todos modos... ¿qué más da? No queda nada de esa persona, no te acuerdas de su voz ni de su olor, ni de su forma de hablar y caminar. Lo único que tienes es un par de fotos que mantienen el recuerdo envuelto en llamas y que no se apaga.Al principio mantienes en alerta las esperanzas de ese reencuentro, pero poco a poco vas cayendo hasta que caes de cruces contra el suelo y duele, duele volver a la realidad y saber que esa persona ha ido por un camino paralelo al tuyo, de imposible alcance.Las lágrimas derramadas por el recuerdo; las que más duelen.
Una lágrima.
Una, dos, tres veces, no recuerdo cuántas lo prometiste. Palabra tras palabra, frases escritas que aparecían y que tan solo ahora se refugian en mi memoria. "Siempre te querré" afirmabas, "nunca te dejaré" mentías. Mañanas de verano que se reducían a mis conversaciones contigo, con palabras escritas que sabía con certeza que nunca serían pronunciadas. Sabía cuan ilusa estaba siendo y que tarde o temprano llegaría el momento en el que vivir de ilusiones no sería suficiente para mí. Ahora todo cuanto queda es tu recuerdo en mi cabeza: el roce de tu piel, tu risa, tus ojos, tu manera de hacerme reír, de fingir que me querías. Recuerdos que duelen, que hieren. Recuerdos que han quedado grabados, por alguna razón, con tinta permanente.... y lo que más duele es que aunque pueda reprocharte cientos de cosas, he de reconocer que durante un tiempo, sí, me hiciste feliz.
Duele.
Es increíble cómo puede variar tu estado de ánimo de un momento a otro, pasar de la euforia a la tristeza más amarga, y lo peor de todo es no poder hacer nada para evitarlo. Notas como lágrimas deseosas de brotar al exterior confirman lo que estás sintiendo, y duele, duele mucho. Duele mirar atrás, ver cuanto tenías y notar su ausencia más que nunca. Mirar al frente y todo cuanto ves es nada, absolutamente nada. Duele saber que la pura verdad es que no vale la pena estar así y duele que la frase "hakuna matata" se te venga demasiado grande en esos momentos. Duele cerrar los ojos y que el único pensamiento que cruce la oscuridad sea él. Duele creer que nunca encontrarás a nadie igual que él y el cuestionarte si acaso alguna vez lo que sintió por ti fue real.Duele el no saber cuando pasará la tormenta, cuando brillará el sol de nuevo.
El juego ha de continuar.
No te imaginas cómo un “simple” suceso puede cambiar tu vida, ponerla patas arriba, dejarla irreconocible ante tus ojos. Increíble, sí, pero cierto. Son esas cosas que pasan las que marcan tu historia dividiéndola en una etapa nueva dejando atrás la anterior. En efecto, como si de un punto y aparte se tratase pone fin a ese trocito de tu vida para hacerte pasar de nivel, a un nivel superior, a uno mucho más complicado. Para pasar de nivel no tienes por qué ganar, también puedes perder. Perder supone caer al lugar más recóndito que pueda existir, oprimiéndote y haciéndote desear poder volver atrás.
Perdida.
Día tras día, como si de un sentimiento agregado a lo cotidiano se tratase, tristeza, angustia, dolor.Todo se ha convertido en un mal hábito para mi. Fumo lágrimas, esnifo malos momentos, bebo sueños para olvidar la triste realidad. No hay razones, no hay motivos. Ni siquiera hay ambición, todo se ha ido. Me siento perdida. No me hallo.
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